¿Te acuerdas de esa sensación de no poder pegar el ojo en toda la noche porque llegaban los Reyes Magos?
Extraño esos tiempos en que mi mayor preocupación era poner mi carta dentro de mi zapato (limpio, según yo), y me dormía a las 8:00 PM –con una disciplina que ya quisiera ahora para ir al gym–, para despertar esperando un castillo de Legos o muñecas.
Hoy, como adultos, si pusiéramos el zapato bajo el árbol, ya no esperaríamos un juguete: nos tocaría pedir que el SAT no nos encuentre y, si bien nos va, lo único que amanecería dentro del zapato sería un recibo de la luz —recordándonos que la magia de las lucecitas navideñas no se paga sola.
Extrañamos esa época donde alguien más se encargaba de cumplir nuestros deseos. Y aunque ya no nos emocionamos por un set de plumones, seguimos deseando cosas; solo que ahora nuestros deseos son un poquito más “intensos” (y urgentes). Por eso, este año les escribí una carta seria nivel adulto-que-paga-renta porque, “Queridos Melchor, Gaspar y Baltazar: esto es lo que realmente necesito para que 2026 no me aplaste…”
1. Oro: pero no para presumirlo, sino para que no se me escape
La tradición dice que los Reyes Magos traían oro. ¡Buenísimo! Pero si me dieran un lingote de ese metal precioso hoy, tal vez me lo gastaría en la primera oferta a “meses sin intereses” que se me atraviese y en una cena que quizá no podría pagar.
Así que aquí está mi petición:
Queridos Reyes, no me den oro en físico, denme educación financiera.
- Quiero el superpoder de saber exactamente en qué se me fueron esos 200 pesos que traía en la mañana.
- Quiero dejar de ver mi estado de cuenta como si fuera una película de terror.
El verdadero “oro”que necesito hoy no es ganar millones (bueno, si quieren sí), sino dejar de perder dinero por puro desorden o por comprar cosas que brillan pero no que sirven.
2. Incienso: Para los nervios y la “Calma Financiera”
El incienso huele rico y relaja, ¿no? Pues eso necesita mi cerebro cada vez que veo una oferta de “Última oportunidad”.
A veces tomamos decisiones financieras con el estómago o desde el miedo. Pedimos un préstamo a las carreras sin ver las fechas, sin hacer planes o ni siquiera saber si lo podremos pagar. Y peor aún, gastamos el dinero de la renta pensando “luego veo cómo le hago” (spoiler: el “luego” siempre llega y carga hambre consigo); o, simplemente, porque “me lo merezco” ( y sí, pero no todo el tiempo ni a todo lo que te haga ojitos).
Mi petición real y ya pensada: Denme un poquito de paz mental.
- Ayúdenme a pensar con la cabeza fría antes de darle “aceptar” a ese crédito del que no sé ni de donde está saliendo.
- Denme paciencia para leer las letras chiquitas de todo lo que contrato (sí, esas que todos nos saltamos).
Cuando hay calma, hay mejores decisiones. Y cuando las hay, no terminas comiendo atún toda la quincena —así que calma es lo que realmente me urge en enero ¡por favor!.
3. Mirra: Para sanar las heridas de mis malas decisiones
La mirra se usaba en el pasado para curar. Y seamos realistas: todos tenemos “cicatrices” financieras que se han ido generando con el paso de los años y algunas no han cerrado del todo. ¿Quién no ha dado un “tarjetazo” por impulso? ¿Quién no se ha retrasado en un pago porque se le olvidó la fecha o no le alcanzaba para el pago?
No es que seamos malas personas o irresponsables, es que nadie nos dio el manual de instrucciones para manejar dinero.
Mi petición y la más urgente: Que este año la mirra sane mis hábitos.
- Quiero aprender de lo que ya me dolió (sí, hablo de ti, crédito que saqué para el Buen Fin de hace dos años).
- Quiero entender en términos simples: ¿Cuánto voy a pagar? ¿Cuándo me toca? ¿Realmente puedo con esto?
La mirra financiera es aceptar que nos equivocamos, pero también es decidir que no vamos a repetir el mismo chiste este año porque en esto sí podemos cambiar y hacer las cosas de otra manera.
El verdadero regalo: dormir como bebé (…y sin deudas)
Al final del día, lo que le pedimos a los Reyes Magos no es magia instantánea para que aparezcan millones en la cuenta (aunque no me quejaría, Gaspar).
Lo que pedimos es tranquilidad.
Saber que tenemos el control, que usamos los créditos como una herramienta y no como un salvavidas roto, y que es posible abrir la app de tus finanzas sin que te suden las manos.
Aquí sabemos que pedir ayuda no es de débiles, es de gente inteligente que quiere hacer las cosas de manera diferente. Este año, seamos nuestros propios Reyes Magos: con un poco de sabiduría, mejores hábitos y mucha claridad, 2026 va a estar de lujo.
¿Y tú? Si tuvieras que poner tu zapato bajo el árbol esta noche, ¿qué le pedirías a los Reyes para tu cartera?